¿Tienes dinero suficiente o realmente puedes permitirte esa compra? Aprende a calcular cuánto dinero tienes disponible, cuántos meses de ahorro supone el gasto y qué objetivo estás retrasando antes de pagar.
Tienes 6.000 euros en el banco y quieres comprar algo que cuesta 1.500 euros.
¿Puedes permitírtelo?
La respuesta parece evidente:
6.000 € – 1.500 € = 4.500 €
Tienes dinero suficiente para pagarlo, así que podrías pensar que sí.
Pero tener dinero para comprar algo y poder permitírtelo son dos cosas diferentes.
Si de esos 6.000 euros necesitas 2.000 para los próximos gastos, 2.500 forman parte de tu colchón de seguridad y dentro de dos meses tienes que pagar un seguro de 700 euros, esos 1.500 euros ya no parecen tan disponibles.
Por eso, antes de una compra importante deberíamos dejar de mirar únicamente el saldo de nuestra cuenta.
Hay un cálculo mucho más útil.
Primero: ¿cuánto dinero tienes realmente disponible?
Imaginemos que tienes:
8.000 € en el banco
y quieres realizar una compra de:
2.000 €
No empieces restando 2.000 a 8.000.
Primero separa el dinero que ya tiene un destino.
Por ejemplo:
Próximos gastos habituales: 1.800 €
Recibos extraordinarios próximos: 600 €
Dinero reservado para emergencias: 3.000 €
Total comprometido:
5.400 €
Ahora podemos calcular:
8.000 – 5.400 = 2.600 €
Esos 2.600 euros se parecen mucho más a tu dinero realmente disponible.
Una compra de 2.000 euros dejaría solamente:
600 €
de margen.
La situación es bastante diferente a pensar que después de comprar todavía tendrías 6.000 euros.
La fórmula del dinero disponible
Podemos utilizar una fórmula sencilla:
Dinero disponible = saldo actual – gastos próximos – dinero reservado – deudas o pagos inminentes
Después:
Margen después de comprar = dinero disponible – precio de la compra
Este cálculo no decide por ti si debes comprar algo.
Pero evita considerar como disponible dinero que realmente necesitas para otra cosa.
Ejemplo: ¿puedes permitirte un móvil de 1.200 euros?
Supongamos:
Saldo total: 5.500 €
Gastos del próximo mes: 1.600 €
Fondo que no quieres tocar: 2.500 €
Seguro del coche próximo: 500 €
Tu dinero disponible sería:
5.500 – 1.600 – 2.500 – 500 = 900 €
El móvil cuesta:
1.200 €
Aunque tienes 5.500 euros en tu cuenta, según este planteamiento no tienes 1.200 euros realmente libres sin utilizar dinero reservado para otros objetivos.
Eso no significa que esté prohibido comprarlo.
Significa que para hacerlo tendrás que tomar otra decisión:
reducir tu colchón,
posponer otro objetivo,
esperar y ahorrar,
o asumir que dispondrás de menos margen financiero.
Eso es precisamente lo que deberíamos saber antes de pagar.
¿Y si puedes pagarlo a plazos?
Aquí aparece una de las trampas más frecuentes.
Una compra de:
1.800 €
puede parecer cara.
Pero si aparece como:
“Solo 75 € al mes”
parece mucho más accesible.
El producto no se ha vuelto más barato.
Simplemente hemos cambiado la forma de presentar el precio.
Por eso, ante una compra financiada, deberíamos mirar al menos:
precio total;
número de cuotas;
intereses;
comisiones;
coste total final;
y cuánto comprometerá nuestro presupuesto cada mes.
La pregunta no es:
“¿Puedo pagar 75 euros este mes?”
Es:
“¿Quiero comprometer 75 euros de mi presupuesto durante todo el periodo de financiación y cuánto terminaré pagando?”
El problema de acumular pequeñas cuotas
Imaginemos:
Móvil: 45 €/mes
Ordenador: 60 €/mes
Muebles: 80 €/mes
Suscripción anual fraccionada: 20 €/mes
Otra compra: 35 €/mes
Individualmente ninguna cuota parece enorme.
Pero juntas representan:
240 € al mes
Durante un año:
2.880 €
Por eso una compra financiada no debería analizarse de forma aislada.
Hay que sumarla a todos los demás compromisos mensuales.
El peligro no siempre está en una cuota de 500 euros.
A veces está en tener diez pequeñas cuotas que apenas recordamos.
Utiliza el coste en horas de trabajo
Existe otra forma interesante de analizar una compra.
En lugar de mirar solamente euros, conviértela en horas de trabajo.
Supongamos que después de impuestos ingresas aproximadamente:
1.800 € al mes
y trabajas unas:
160 horas mensuales
Tu ingreso neto aproximado por hora sería:
1.800 ÷ 160 = 11,25 €
Ahora quieres comprar algo de:
450 €
Eso equivale aproximadamente a:
450 ÷ 11,25 = 40 horas de trabajo
Una semana laboral aproximadamente.
No significa que la compra sea buena o mala.
Pero preguntar:
“¿Cambiaría una semana de mi trabajo por esto?”
puede hacer que valoremos el gasto de otra manera.
Pero tampoco conviertas cada café en horas trabajadas
Esta técnica resulta especialmente útil para compras relevantes.
No necesitamos convertir absolutamente cada gasto cotidiano en minutos de nuestra vida.
La finalidad es obtener perspectiva cuando estamos ante una compra suficientemente importante como para afectar a nuestro presupuesto.
Un ordenador de 2.000 euros puede parecer simplemente “2.000 euros”.
Pero si representa más de un mes completo de ahorro, la decisión se entiende de otra manera.
¿Cuántos meses de ahorro cuesta la compra?
Este cálculo puede ser incluso más útil que utilizar tu sueldo.
Imagina:
Ingresos: 2.300 €/mes
Gastos: 1.900 €/mes
Capacidad habitual de ahorro:
400 €/mes
Quieres comprar algo de:
1.600 €
Podríamos decir que cuesta menos que tu sueldo mensual.
Pero en términos de ahorro:
1.600 ÷ 400 = 4 meses
La compra consume el equivalente a cuatro meses completos de tu capacidad de ahorro.
Esta información es mucho más reveladora.
Porque nuestro salario no está completamente disponible para comprar cosas.
Una gran parte ya está destinada a vivienda, comida, transporte y otros gastos.
La pregunta que cambia una compra: ¿qué objetivo estoy retrasando?
Imaginemos que estás ahorrando:
500 € al mes
para reunir 10.000 euros.
Llevas:
6.000 €
y quieres realizar una compra no imprescindible de:
2.000 €
Si utilizas tus ahorros, vuelves a:
4.000 €
¿Cuánto tardarás en recuperar esos 2.000 euros?
2.000 ÷ 500 = 4 meses
El precio real de la compra no es solamente 2.000 euros.
También significa que tu objetivo podría retrasarse aproximadamente cuatro meses si no modificas otros elementos del presupuesto.
Ahora puedes hacerte una pregunta mucho más concreta:
“¿Esta compra merece retrasar cuatro meses mi objetivo?”
Quizá la respuesta sea sí.
Y no pasa nada.
Pero ahora sabes qué estás intercambiando.
Cuidado con el “me lo merezco”
Hay compras que hacemos por disfrute y eso forma parte de utilizar nuestro dinero.
El problema aparece cuando una justificación emocional sustituye completamente a los números.
“Trabajo mucho.”
“Ha sido un mes complicado.”
“Está rebajado.”
“Todo el mundo tiene uno.”
“Ya recuperaré el dinero.”
Ninguna de estas frases nos dice si la compra encaja en nuestro presupuesto.
Podemos decidir comprar algo simplemente porque nos hace ilusión.
Pero resulta mucho mejor hacerlo sabiendo qué efecto tendrá sobre nuestras finanzas.
¿Y si está rebajado un 40%?
Una rebaja puede mejorar el precio de algo que ya queríamos comprar.
Pero no convierte automáticamente una compra innecesaria en ahorro.
Supongamos:
Precio anterior: 1.000 €
Precio rebajado: 600 €
Descuento:
400 €
Si ya necesitabas comprarlo y habías presupuestado una cantidad similar, la rebaja puede ser relevante.
Pero si nunca pensabas comprarlo y terminas gastando 600 euros únicamente porque “te ahorras 400”, en realidad:
no has ahorrado 400 euros; has gastado 600.
Esta distinción es fundamental para gestionar bien el dinero.
Una regla de espera para compras importantes
Cuando una compra no es urgente, esperar puede ayudarnos a diferenciar entre necesidad y entusiasmo momentáneo.
Puedes establecer tu propia regla.
Por ejemplo:
Para compras superiores a 100 €, esperar 24 horas.
Por encima de 500 €, esperar varios días.
Para una compra de varios miles de euros, analizarla con más tiempo.
No hay una duración universal.
La idea es introducir espacio entre:
“lo quiero”
y
“lo compro”.
Muchas compras seguirán pareciendo buenas después de esperar.
Otras dejarán de parecernos tan necesarias.
El test de las cinco preguntas
Antes de una compra importante, puedes responder:
1. ¿Puedo pagarla sin utilizar el dinero destinado a gastos esenciales?
2. ¿Tengo que tocar mi fondo de emergencia?
3. ¿Cuántos meses de ahorro representa?
4. ¿Qué objetivo financiero voy a retrasar al comprarla?
5. Si espero una semana, probablemente seguiré queriéndola?
No necesitas responder “perfectamente” a las cinco.
Sirven para entender el coste completo de la decisión.
Ejemplo completo: compra de 2.500 euros
Imaginemos:
Saldo bancario: 9.000 €
Gastos próximos: 2.000 €
Fondo reservado: 3.500 €
Otros pagos previstos: 500 €
Dinero realmente disponible:
9.000 – 2.000 – 3.500 – 500 = 3.000 €
La compra cuesta:
2.500 €
Después quedarían:
500 € de dinero no comprometido.
Además, normalmente ahorras:
400 € al mes
Por tanto, la compra equivale a:
2.500 ÷ 400 = 6,25 meses de ahorro
Ahora tenemos información suficiente para valorar la decisión.
Puedes pagarla.
Pero consume prácticamente todo tu dinero libre actual y equivale a más de seis meses de ahorro.
La pregunta ya no es simplemente:
“¿Tengo 2.500 euros?”
Es:
“¿Quiero utilizar más de seis meses de ahorro en esta compra y quedarme con solamente 500 euros de margen libre?”
Eso es gestionar una compra.
Entonces, ¿cómo saber si puedes permitirte algo?
No mires solamente el saldo de tu cuenta.
Empieza calculando:
Saldo actual
– gastos próximos
– dinero reservado
– pagos pendientes
= dinero realmente disponible
Después comprueba cuánto representa la compra respecto a tu capacidad mensual de ahorro.
Una compra puede caber perfectamente en tu cuenta bancaria y, aun así, obligarte a utilizar tu colchón o retrasar durante meses otro objetivo.
También puede ocurrir lo contrario: quizá sea una compra cara, pero tengas el dinero específicamente ahorrado para ella y puedas pagarla sin alterar el resto de tus finanzas.
Por eso “puedo pagarlo” y “puedo permitírmelo” no significan exactamente lo mismo.
La próxima vez que quieras comprar algo de 500, 1.000 o 3.000 euros, no preguntes solamente cuánto dinero tienes en el banco.
Pregunta:
“¿Cuánto dinero me queda realmente libre después de comprarlo y qué estoy dejando de hacer con ese dinero?”
Esa respuesta te dirá mucho más que el saldo de tu cuenta.
