¿Qué ocurre con tus acciones si una empresa quiebra? Descubre si puedes perder toda tu inversión, quién cobra primero y qué sucede con las acciones cuando una compañía entra en insolvencia.
Compras 2.000 euros en acciones de una empresa y, meses después, la compañía atraviesa graves problemas financieros hasta que finalmente entra en un procedimiento de insolvencia.
¿Qué ocurre entonces con tus acciones? ¿Desaparecen? ¿Puedes recuperar parte del dinero? ¿Y qué sucede si la empresa consigue sobrevivir?
La respuesta más importante es esta: ser accionista significa ser propietario de una parte de la empresa, pero no significa tener garantizada la recuperación del dinero invertido.
Si una compañía termina liquidándose y su patrimonio no alcanza para cubrir todas sus obligaciones, los accionistas se encuentran generalmente entre los últimos en recibir dinero. Por eso, en el peor escenario, una inversión en acciones puede perder prácticamente el 100% de su valor.
Pero una empresa con problemas financieros no siempre termina de la misma manera.
¿Qué significa realmente que una empresa quiebre?
Antes de entender qué sucede con nuestras acciones, debemos distinguir entre que una empresa atraviese dificultades financieras y que termine desapareciendo.
Una compañía puede acumular deudas, sufrir pérdidas o tener problemas para cumplir determinadas obligaciones y aun así continuar funcionando mientras intenta reestructurarse.
Dependiendo del procedimiento aplicable, puede negociar con acreedores, vender activos, reducir deuda o reorganizar el negocio.
Por tanto, escuchar que una empresa ha iniciado un procedimiento de insolvencia no significa necesariamente que sus acciones desaparezcan ese mismo día.
Lo realmente importante para el accionista es qué termina ocurriendo con la compañía y, especialmente, con su patrimonio.
¿Por qué los accionistas pueden quedarse sin nada?
Para entenderlo debemos imaginar una empresa como un conjunto de activos y obligaciones.
Supongamos que una compañía acaba liquidándose y, después de vender sus activos, obtiene 10 millones de euros.
El problema es que tiene obligaciones pendientes por valor de 14 millones.
Esos 10 millones no se reparten directamente entre los accionistas.
Antes existen acreedores con derechos de cobro sobre la empresa y diferentes niveles de prioridad establecidos por la normativa y las características de cada deuda.
El accionista representa el capital de la compañía y ocupa una posición residual: solamente existe valor para él después de atender las obligaciones que tengan prioridad.
En nuestro ejemplo ni siquiera habría dinero suficiente para satisfacer todas las deudas.
Por tanto, no quedaría patrimonio que repartir entre los propietarios de las acciones.
Ese es uno de los motivos por los que una acción puede terminar valiendo cero.
¿Entonces los accionistas siempre pierden todo?
No.
Que una empresa tenga dificultades financieras no implica automáticamente una pérdida del 100%.
Puede producirse una reestructuración que permita que el negocio continúe, una venta de determinados activos o diferentes acuerdos con los acreedores.
Sin embargo, incluso si la empresa sobrevive, eso no garantiza que los accionistas actuales conserven intacto el valor de su inversión.
Una reestructuración puede modificar considerablemente la estructura de capital de la compañía.
Por ejemplo, podrían emitirse nuevas acciones, producirse conversiones de deuda en capital o aplicarse otras medidas que reduzcan la participación económica de los accionistas anteriores.
Por eso existe una diferencia fundamental entre:
“La empresa ha sobrevivido”
y
“Mis acciones han recuperado su valor”.
Una cosa no garantiza la otra.
¿Qué ocurre si la acción llega a 0 euros?
Cuando decimos que una acción “llega a cero”, normalmente estamos describiendo una situación en la que la participación del accionista ha perdido prácticamente todo su valor económico.
Supongamos que invertimos 5.000 euros comprando acciones.
Si su cotización cae un 50%, nuestra posición tendría un valor aproximado de 2.500 euros.
Si posteriormente cae otro 50%, no habremos perdido el 100%, sino que quedarían aproximadamente 1.250 euros.
Para perder prácticamente toda la inversión, el precio tendría que acercarse a cero.
Y aquí aparece una característica matemática importante de las pérdidas bursátiles.
Después de una caída del 50%, necesitamos una subida del 100% para volver al punto inicial.
Si una inversión de 1.000 euros baja a 500, debe duplicarse para regresar a 1.000.
Cuanto mayor es la caída, más difícil resulta recuperar el nivel anterior.
¿Puedo perder más dinero del que invertí en una acción?
Si hablamos simplemente de comprar acciones al contado, la pérdida máxima normalmente queda limitada al capital invertido.
Si compras 1.000 euros en acciones y la empresa termina sin ningún valor para sus accionistas, podrías perder esos 1.000 euros.
La situación cambia cuando se utilizan productos o estrategias que incorporan apalancamiento, dinero prestado o determinadas estructuras financieras.
En esos casos, el riesgo puede ser diferente y, dependiendo del producto, las pérdidas pueden superar el dinero inicialmente aportado.
Por eso no debemos confundir comprar una acción directamente con utilizar productos financieros que replican o amplifican sus movimientos.
¿Qué pasa con las acciones que aparecen en mi bróker?
Otro motivo de confusión es que una empresa puede encontrarse en graves dificultades mientras sus acciones continúan apareciendo en nuestra cuenta.
Que todavía podamos ver una posición en el bróker no significa que podamos venderla fácilmente ni que conserve un valor significativo.
Las acciones pueden dejar de negociarse en su mercado habitual, sufrir suspensiones de cotización o atravesar otros cambios dependiendo de las circunstancias y de las reglas del mercado correspondiente.
En determinadas situaciones, una acción puede incluso mostrar un valor muy reducido durante un tiempo antes de que se resuelva definitivamente el proceso.
Por tanto, no debemos interpretar su simple aparición en la cartera como una garantía de recuperación.
¿Qué ocurre si la empresa es expulsada de bolsa?
Aquí encontramos otro concepto que suele confundirse con una quiebra: la exclusión de cotización o delisting.
Que una empresa deje de cotizar en una determinada bolsa no significa necesariamente que haya quebrado.
Puede dejar de cotizar por diferentes motivos.
En algunos casos puede existir una operación corporativa; en otros, la empresa puede incumplir requisitos del mercado o atravesar problemas financieros.
Lo importante es que “dejar de cotizar” y “quebrar” no son sinónimos.
Una empresa puede dejar de estar en bolsa y continuar existiendo.
Y una empresa puede atravesar una insolvencia mientras todavía existe un proceso pendiente para determinar qué ocurrirá finalmente con sus accionistas.
¿Por qué alguien compraría acciones de una empresa al borde de la quiebra?
Cuando una acción ha caído un 90% o un 95%, puede parecer extraordinariamente barata.
Aquí aparece una trampa frecuente:
confundir una gran caída con una oportunidad.
Una acción que antes cotizaba a 50 euros y ahora cuesta 2 euros no es necesariamente barata.
Lo que importa es cuánto vale económicamente la empresa después de considerar sus activos, deudas, capacidad de generar beneficios y perspectivas.
Si las obligaciones de una compañía superan ampliamente el valor que puede generar para sus propietarios, un precio aparentemente pequeño puede seguir siendo demasiado alto.
Comprar únicamente porque “ya ha caído muchísimo” ignora precisamente el riesgo que ha provocado esa caída.
¿Cómo detectar que una empresa podría tener problemas?
No existe un indicador capaz de predecir con certeza una quiebra, pero algunos datos pueden ayudarnos a entender el riesgo financiero de una compañía.
Uno de ellos es la deuda.
Tener deuda no convierte automáticamente a una empresa en problemática. Muchas compañías utilizan financiación como parte normal de su actividad.
La cuestión es si puede atenderla.
Por eso también debemos observar la generación de efectivo, los vencimientos de deuda, los intereses que debe pagar y la evolución del negocio.
Una empresa que pierde dinero temporalmente no necesariamente está cerca de desaparecer.
Pero una compañía que durante mucho tiempo consume efectivo, acumula obligaciones y tiene dificultades para conseguir nueva financiación merece un análisis mucho más profundo.
La diversificación cambia completamente este riesgo
Imaginemos dos inversores.
El primero tiene 20.000 euros y los invierte todos en una sola empresa.
El segundo reparte esos 20.000 euros entre numerosas compañías.
Si precisamente esa empresa termina perdiendo todo su valor, el primer inversor podría sufrir una pérdida cercana a los 20.000 euros.
Para el segundo, el impacto dependerá del peso que esa compañía representara dentro de su cartera.
Esto no significa que diversificar elimine las pérdidas. Una cartera diversificada también puede caer.
Lo que hace es reducir la dependencia de que una única empresa tenga éxito.
Entonces, ¿qué pasa con mis acciones si la empresa quiebra?
La respuesta depende de cómo termine el procedimiento.
Si la compañía consigue reestructurarse, el negocio puede continuar, aunque las acciones existentes podrían verse afectadas.
Si termina liquidándose, los activos se utilizan para atender las obligaciones según el orden que corresponda. Los accionistas tienen una posición residual, por lo que solamente recibirían valor si quedara patrimonio después de satisfacer las obligaciones con prioridad.
Si no queda nada, las acciones pueden terminar sin valor y el accionista puede perder toda la cantidad invertida en ellas.
Por eso, antes de comprar una acción no basta con preguntarnos cuánto podría subir.
También merece la pena hacernos la pregunta contraria:
¿Qué ocurriría con mi cartera si esta empresa saliera mal?
Entender esa posibilidad no sirve para predecir qué compañía quebrará. Sirve para comprender uno de los principios más importantes de invertir directamente en acciones: una empresa individual puede fracasar y nuestro patrimonio debería estar preparado para esa posibilidad.
